Gozar en los parques es gozar de salud

La salud es un estado de bien-estar que afortunadamente la gran cantidad de nosotros ha experimentado. Cuando salimos de ese estado para pasar al de la enfermedad lo lamentamos y sufrimos. Desde hace varias décadas se convirtió el bienestar en una prioridad por parte de los organismos internacionales relacionados con la salud pública. Pero ¿qué es “bienestar” y por qué la naturaleza o estar inmerso en entornos verdes puede ser importante para producirlo?

Empecemos por definir esta palabra tan usada en todas partes hoy en día. “El bienestar es un estado físico, social y mental positivo; no es solo la ausencia de dolor, malestar e incapacidad. Requiere que se satisfagan las necesidades básicas, que las personas tengan un propósito, que se sientan capaces de alcanzar importantes metas personales y participar en la sociedad. Se ve reforzada por condiciones que incluyen relaciones personales de apoyo, comunidades sólidas e inclusivas, buena salud, seguridad financiera y personal, empleo gratificante y un entorno saludable y atractivo. El papel del gobierno es permitir que las personas tengan un acceso justo ahora y en el futuro a los recursos sociales, económicos y ambientales necesarios para lograr el bienestar. Comprender el efecto de las políticas en la forma en que las personas experimentan sus vidas es importante para diseñarlas y priorizarlas.” (Department for Environment, Food & Rural Affairs, DEFRA, UK, 2007)

En términos de garantizar el acceso a recursos ambientales para el bienestar humano, se hace necesario continuar profundizando en la calidad de bienestar que produce en el ser humano la naturaleza, y por tanto la cercanía de espacios verdes en su vida. Mucho se va mostrando sobre los efectos de actividades de conexión con la naturaleza en la salud física y mental de las personas; como mejora del sistema inmune, salud cardiovascular, higiene del sueño, memoria, atención, disminución del cortisol, mejora de trastornos de depresión, ansiedad, estrés. Todo esto nos abre los ojos a que cuando hablamos del impacto de la naturaleza en la psicología, salud física y bienestar global del ser humano, no estamos hablando de cualquier cosa.

Quiero hoy puntuar algunos ejemplos de estudios en esta vía que ponen su foco en la importancia de los parques y zonas verdes urbanas para la salud de sus habitantes. Por ejemplo, en un estudio holandés, los datos de salud autoinformados de más de 10 mil encuestados se correlacionaron con los datos ambientales nacionales que caracterizan el tipo y la cantidad de azul (por ejemplo, ríos, lagos, canales) y espacios verdes presentes en su vecindario. Se controlaron las características socioeconómicas y demográficas para determinar los efectos de selección y el estudio informó que las personas que vivían en vecindarios más verdes disfrutaban de una mejor salud general1. El tipo de espacio verde no pareció alterar la eficacia, pero la cantidad total de espacio verde en el entorno de vida pareció ser el predictor más relevante. Una crítica del estudio es que las características ambientales se separaron en los vecindarios y todas las personas dentro de esa área en particular se clasificaron como con igualdad de acceso a los espacios verdes. Esta medida cruda no reconoce que la exposición a los espacios verdes puede variar considerablemente entre los residentes del mismo vecindario y que la duración de la exposición también puede diferir.

Por supuesto, mucho de lo que viene a ser relevante a la hora de analizar estos estudios, es que el tipo de tiempo y conexión con la naturaleza que tengan las personas puede estar determinado por múltiples factores, de los cuales no podemos obviar aspectos cómo cantidad de tiempo libre con el que cuenten las personas en la semana, o incluso aspectos de la valoración que las personas hagan de los espacios verdes, puesto que la vida actual presenta una multitud de distractores o una gran tendencia a permanecer frente a pantallas; largas horas diarias trabajando, luego viendo televisión, leyendo en el computador, jugando videojuegos o en el smartphone.

En un estudio separado, uno de cada diez residentes se sentía insalubre cuando la mayoría del espacio que rodeaba su hogar era verde (90%). En contraste, cuando solo el 10% del ambiente era verde, el 16% de los residentes se sentía insalubre. Groenewegen y col. (2006)2 han puesto en marcha el proyecto “Vitamina G” en curso, cuyo objetivo es basarse en investigaciones anteriores que analizan la relación entre la cantidad y el tipo de espacios verdes y la salud y el bienestar. El proyecto tiene tres niveles diferentes: (i) datos nacionales holandeses; (ii) espacios verdes en entornos urbanos; y (iii) huertos parcelarios. Combina datos de uso de la tierra y estados de salud autoinformados. Los hallazgos darán sustento al desarrollo de políticas, ayudarán a la planificación y el diseño urbanos y aumentarán la conciencia sobre la importancia de los bolsillos verdes locales.

El verdor percibido en el vecindario también está fuertemente asociado con una mejor salud mental y física

El verdor percibido en el vecindario también está fuertemente asociado con una mejor salud mental y física. Los encuestados que percibieron su vecindario como muy verde tenían 1,37 y 1,60 veces más probabilidades de tener una mejor salud física y mental, respectivamente, en comparación con aquellos que lo percibieron como bajo en vegetación (Sugiyama et al. 2008). El grado de riqueza de especies en los espacios verdes urbanos también se ha asociado positivamente con el bienestar psicológico de los visitantes (Fuller et al. 2007), enfatizando la importancia de la biodiversidad gestionada localmente para el sentido del lugar y la reflexión.

En términos de salud general, los usuarios de los parques locales informaron menos visitas a un médico con fines distintos a los controles de rutina en comparación con los usuarios que no eran usuarios regulares del parque. Esta diferencia fue evidente incluso al controlar los efectos de la edad, los ingresos, el nivel de educación, el estado de salud y otras posibles variables de confusión (Godbey et al. 1998). Con frecuencia, los usuarios activos del parque también obtuvieron mejores resultados en los índices de salud autoinformados y percibieron que sus estados de salud eran mejores que los usuarios pasivos y no usuarios del parque (Godbey et al. 1992). Por lo tanto, las personas que participan en actividades recreativas en los parques locales parecen gozar de una salud desproporcionadamente mejor que los no usuarios y también tienen menos probabilidades de ser obesas que la población en general (Ho et al. 2003)3.

Así que frecuentar nuestros parques urbanos y pasar tiempo de calidad en estos espacios se hace más necesario hoy en día ante una agenda saturada de actividades. Sin embargo siempre insistiré en que el tiempo de calidad en la naturaleza requiere la disposición consciente a la pausa, la contemplación, la atención enfocada en el espacio natural (no en la pantalla del teléfono móvil) y el deseo de dejarse sorprender.

Por Emma Sánchez

MA. Psicología Clínica. Guía de Shinrin Yoku (Baños de bosque). Formadora y mentora para el Forest Therapy Hub.

1 y 2 https://www.researchgate.net/publication/285118479_Urban_ecology_and_human_health_and_wellbeing

3Ho, C. -H., Payne, L., Orsega-Smith, E. and Godbey, G. (2003). Parks & Recreation – Research Update from April 03: Parks, Recreation and Public Health, The Benefits are Endless. Pennsylvania: Pennsylvania State University’s College of Health and Human Development. 

Pasear en un parque urbano incrementa tu autoestima

Me vengo preguntando desde hace un buen tiempo si la conexión con la naturaleza puede tener efectos positivos en la autoestima. Sé que falta mucha investigación al respecto, pero mi interés es saber si podemos llegar a asegurar que la conexión con la naturaleza influencia y transforma la autoestima (nuestra apreciación y valoración de nosotros mismos).

Hace más de una década en la Universidad de Essex, Inglaterra, se hizo un estudio interesante en donde participantes, miembros de un centro que atiende problemas de salud mental, se sumaron a dos actividades: un paseo por un parque urbano con naturaleza, y un paseo en un centro comercial. Ambos paseos tuvieron la misma duración e intensidad y fueron liderados por la misma persona para asegurar consistencia.


Las mejoras en los niveles de autoestima y estado anímico general fueron muy significativos en el paseo al aire libre en el parque urbano.

Tomado de: Barton, J & Pretty, J.N. (2010). Urban ecology and human health and wellbeing. Urban Ecology Journal.

En la anterior figura se nos muestran los cambios significativos encontrados en la autoestima de los participantes después de cada paseo. Y en la siguiente figura te muestro las diferencias en subcategorías del estado de ánimo encontradas.

Tomado de: Barton, J & Pretty, J.N. (2010). Urban ecology and human health and wellbeing. Urban Ecology Journal.

Lo cual nos muestra una disminución grande de niveles de depresión, rabia, tensión y confusión. Esto nos deja con la puerta abierta para conectar dichos estados emocionales con cambios afectivos positivos en la percepción hacia nosotros mismos.


Todas estas preguntas y hallazgos me encantan porque podemos empezar a reconocer que la conexión emocional con la naturaleza genera efectos psicológicos que apuntan hacia un área tan clave y esencial como la autoestima, el autoconcepto, la percepción del Self.

Por Emma Sánchez

CÓMO LA HORTICULTURA MEJORA TU SALUD MENTAL Y FÍSICA

¿Alguna vez has visto cómo crecen semillas que hayas plantado? ¿Has podido comer frutos o verduras de plantas que sembraste? ¿Has pasado algunas horas tocando la tierra con las manos y oliendo lechugas o espinacas? Si no has introducido esto a tus sensaciones o prácticas de vida, tal vez te estés perdiendo la posibilidad de conectarte con grandes beneficios físicos y psicológicos.

La ciencia demuestra que la interacción con las plantas, tanto en interiores como en exteriores, es beneficiosa para la salud física y mental. Cualquier persona de cualquier edad y nivel de habilidad puede disfrutar de los beneficios de la horticultura y rodearse de naturaleza. Esta interacción te ofrece la posibilidad de conectar con lo que parece simple de la vida y a todos nos cuesta recordar; esa fuerza, ese crecimiento, esa abundancia de lo que retoña, de lo que brota.

 Antes de la era de la psicofarmacología y el uso generalizado de la psicoterapia, los médicos recurrieron a la tierra y a la naturaleza como una forma de llevar paz y serenidad a quienes sufren. Los registros históricos apoyan su eficacia. El uso de la horticultura como agente de paz y recuperación terapéutica se remonta al año 2000 a. C. en Mesopotamia (Sempik y Aldridge, 2006). Otros autores destacan que el origen de la terapia hortofrutícola para las personas que padecen enfermedades mentales, tiene sus raíces en los relatos de Benjamin Rush, a quien también se le acredita como el padre de la psiquiatría. Rush observó y documentó mejoras en las personas que vivían en asilos psiquiátricos que trabajaban en jardines y cultivaban su propia comida a principios del siglo XIX.

Estudios de meta-análisis que recogen los datos de la gran mayoría de estudios sobre el tema, nos muestran que se ha reportado una amplia gama de resultados de salud, como reducciones en la depresión, la ansiedad y el índice de masa corporal, así como aumentos en la satisfacción con la vida, la calidad de vida y el sentido de comunidad.

La Terapia Hortícola fue definida como el arte y ciencia del cultivo de flores, hortalizas, arbustos, árboles y árboles frutales para lograr la mejora en el estado mental y emocional de una persona. Ésta se conoce como la colección de varios procesos de actividad ecoterapéutica que se utilizan para mejorar la salud física, mental y espiritual de los pacientes. Se considera un tratamiento efectivo y beneficioso para personas de todas las edades, orígenes y habilidades.

Otros autores como Soderback, revisó la literatura de terapia hortícola y describió sus usos en la rehabilitación de pacientes con daño cerebral. Mostró que ésta puede ser eficaz para los trastornos emocionales, cognitivos y / o deficiencias funcionales motoras sensoriales, y puede aumentar la participación social, la salud, el bienestar y la satisfacción con la vida. Jones y Haight revisaron artículos sobre el uso de ambientes naturales y plantas en intervenciones terapéuticas. En las últimas décadas, varias investigaciones se han realizado sobre Terapia Hortícola y algunos de ellos han demostrado el efecto terapéutico de la horticultura en el estrés. Además, algunos estudios han revelado que los espacios naturales tienen un efecto positivo en funciones intuitivas. Por ejemplo, Strife y Downey han demostrado que los niños que tenían un jardín en su patio o la escuela, mostraron una mejor memoria, atención y concentración que aquellos que no tenían una. 

Recientemente, la Terapia Hortícola se ha utilizado en pacientes con Alzheimer como herramienta de rehabilitación. Detweiler y sus colaboradores impusieron esta terapia para rehabilitar a los pacientes de Alzheimer y en sus resultados demostraron que ésta aumentó las capacidades cognitivas, especialmente memoria, en dichos pacientes. Efectos de mejora en la depresión de adultos mayores también se ha registrado. 

En un estudio de la Universidad de Ciencias del Bienestar Social y la Rehabilitación en Irán, se encontró que después de diez sesiones de terapia hortícola, las puntuaciones de los pacientes en función de la organización conceptual, memoria, depresión, ansiedad y estrés mejoraron significativamente.

Beneficios físicos de la terapia hortícola

1. Promueve el ejercicio

La mayoría de los adultos e incluso actualmente muchos niños, no hacen suficiente ejercicio. La falta de ejercicio puede provocar una variedad de problemas de salud, desde enfermedades cardíacas hasta depresión. Las Pautas de actividad física para los estadounidenses recomiendan que los niños y adolescentes realicen 60 minutos o más de ejercicio de moderado a vigoroso todos los días. Los adultos deben tratar de hacer al menos 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada a la semana. Al hacer el ejercicio adecuado, los adultos y los niños reducen el riesgo de enfermedades cardíacas, cáncer, diabetes, ansiedad y depresión. Trabajar con plantas ayuda a las personas a realizar la actividad física que necesitan para mantenerse en forma o mejorar su condición actual.

La jardinería y la hortícultura es una forma fácil y divertida de incorporar el ejercicio a tu rutina diaria o la de tu hijo. Los niños suelen disfrutar trabajar con la tierra y aprender sobre las plantas. Es posible que un niño ni siquiera se dé cuenta de que está haciendo ejercicio mientras excava, mueve tierra o riega las plantas al sol y al aire libre. La horticultura también ayuda a los niños a desarrollar las habilidades motoras y la fuerza en general, e incluso puede combatir la obesidad infantil. Por ejemplo, según la Facultad de Medicina de Harvard, solo media hora de actividades generales de jardinería quema 135 calorías para una persona de 125 libras.

2. Fomenta la alimentación saludable

Puede resultar difícil obtener la cantidad recomendada de frutas y verduras todos los días, especialmente para aquellos que no prefieren el sabor de estos alimentos. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la mayoría de los estadounidenses no comen suficientes frutas y verduras. Por ejemplo, solo uno de cada 10 adultos come la cantidad recomendada de frutas o verduras todos los días (estudios americanos). La jardinería anima a las personas a agregar alimentos saludables a sus dietas y liberarse de los malos hábitos alimenticios. Los niños y los adultos se sentirán mejor cuando disfruten de alimentos nutritivos todos los días.

Los niños y los padres pueden elegir los alimentos que desean cultivar y no tienen que preocuparse por los pesticidas. La comida de cosecha propia sabe mejor y es más atractiva debido al tiempo y esfuerzo que requiere para crecer y cosechar. Los niños pueden cultivar fácilmente deliciosos tomates cherry, calabacines, rábanos y sabrosas hierbas, solo por nombrar algunos. Es probable que un niño se sienta emocionado de comer lo que cultivó. Según una investigación de la Universidad de Saint Louis, cuando las familias cultivan alimentos, crean un entorno alimentario positivo. Los niños a los que se les sirve comida de cosecha propia tienen más del doble de probabilidades de comer cinco porciones de verduras y frutas al día que aquellos que no comen productos de cosecha propia o que rara vez comen. Los niños que comen alimentos de cosecha propia también prefieren el sabor de las frutas y verduras a otros alimentos. La jardinería y el cultivo de productos agrícolas son una forma sencilla de alentar a los niños y adultos a obtener los nutrientes que necesitan para su salud física y mental.

3. Disminuye el riesgo de enfermedad

Las plantas tienen efectos en tu sistema inmune, como bien lo han probado estudios de medicina forestal. Clemens Arvay en su libro El efecto Biofilia, nos muestra un sinnúmero de investigaciones sobre cómo también las plantas herbáceas sintetizan moléculas volátiles de Terpenos, compuestos orgánicos que liberan las plantas para protegerse y que así mismo ayuda a que nuestro sistema inmune mejore. Pasar tiempo en la naturaleza mejora tu salud en todos los niveles.

Beneficio psicológicos de la horticultura

1. Mejora el estado de ánimo

Los seres humanos generalmente se sienten más felices y optimistas en entornos con muchas plantas y naturaleza. Considere una encuesta realizada en cuatro hospitales del Área de la Bahía de San Francisco. En la encuesta, el 79 por ciento de los pacientes dijo que se sentía más relajado y tranquilo, el 19 por ciento se sintió más positivo y el 25 por ciento se sintió renovado y más fuerte después de pasar tiempo en un jardín.

Las flores también evocan emociones positivas. Por ejemplo, en un estudio de 2005, las mujeres que recibieron flores informaron estados de ánimo más positivos tres días después. Los pacientes ancianos que recibieron flores también informaron un estado de ánimo más brillante y una mejor memoria episódica.

Si bien es posible que solo necesite colocar una planta en el alféizar de la ventana en casa para ayudar a crear un ambiente más relajante, puede aumentar los sentimientos de felicidad aún más a través de la jardinería. La jardinería nos recuerda nuestra conexión con la naturaleza y nos ayuda a enfocarnos en el panorama general, lo que puede aliviar los síntomas de la depresión. Además, el aspecto físico de la jardinería libera sustancias químicas que hacen sentir bien en el cerebro, como la serotonina y la dopamina. Finalmente, trabajar con tierra nos hace más felices. Un estudio de 2007 encontró que una bacteria en el suelo llamada Mycobacterium vaccae desencadena la liberación de serotonina, que mejora el estado de ánimo y reduce la ansiedad.

2. Alivia el estrés y la ansiedad

Mirar plantas y flores, ya sea en interiores o al aire libre, es una actividad pacífica libre de preocupaciones o conflictos. Fomenta vivir en el momento presente y estimula los sentidos. Cuando te tomas el tiempo para oler el dulce perfume de un árbol de magnolia, por ejemplo, tus niveles de cortisol bajan.

Un estudio publicado en el “Journal of Physiological Anthropology” hizo que un grupo de participantes trabajara en tareas informáticas, mientras que otro grupo trasplantó plantas de interior. Después de completar sus asignaciones, los grupos cambiaron. Los investigadores encontraron que los sujetos se sentían más cómodos y relajados después de la tarea de trasplante, en lugar de la tarea de la computadora. Se puede reducir el estrés psicológico al interactuar con las plantas.

Otro estudio, publicado en el “Journal of Health Psychology”, comparó los efectos de la jardinería al aire libre con la lectura en interiores. El estudio revela que tanto la jardinería como la lectura disminuyen los niveles de cortisol. Sin embargo, los niveles de estrés disminuyen significativamente más con la jardinería. Asimismo, los participantes del estudio disfrutaron de un estado de ánimo positivo completamente restaurado después de la jardinería.

3. Prolonga la capacidad de atención

La jardinería y estar cerca de las plantas fortalece la capacidad de atención, lo que puede ayudar a la concentración y el aprendizaje. Por ejemplo, un estudio publicado en el “American Journal of Public Health” examina el impacto de los entornos verdes o naturales en los niños con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Los investigadores encontraron que las actividades realizadas en entornos verdes reducen significativamente los síntomas del TDAH en comparación con otros entornos. Muchos niños pueden beneficiarse de pasar tiempo en la naturaleza. Según CDC, se estima que 6,1 millones de niños en los EE. UU. Han recibido un diagnóstico de TDAH.

La jardinería también ayuda a los niños a lograr logros académicos. Un estudio publicado por la Sociedad Estadounidense de Ciencias Hortícolas demuestra el impacto de las actividades de jardinería como parte de un plan de estudios de ciencias. Los estudiantes que trabajaron en el jardín obtuvieron puntuaciones significativamente más altas en una prueba de rendimiento en ciencias que los estudiantes que estudiaron ciencias en un salón de clases tradicional.

4. Aumenta la autoestima

La baja autoestima es una experiencia común entre adolescentes y adultos jóvenes. Es normal que los adolescentes se comparen con los demás en las redes sociales o se sientan presionados a verse o actuar de cierta manera. Los niños y los adultos jóvenes pueden beneficiarse de tomar descansos tecnológicos y salir al aire libre. La horticultura es una forma de generar entusiasmo por conectarse con la naturaleza y el mundo exterior.

Cuando los niños cuidan las plantas y las ven crecer, observan una transformación. Un niño puede comprender su transformación de niño a adulto joven. Los niños también pueden aprender que no importa cómo se vean o si tienen un problema de salud mental, pueden ser cuidadores y contribuir con su amor y atención al mundo. La horticultura puede ser una forma de ganar un sentido de autoestima independientemente de la presión social. Por último, cualquier agricultor se siente orgulloso cuando llega el momento de cosechar los hermosos productos. Los niños pueden disfrutar del sabor de las verduras que cultivaron o la vista de las coloridas flores de su jardín y el impulso de confianza que conlleva.

Así que inducir una práctica de horticultura, tan necesaria además en el momento que atraviesa nuestro planeta, e incluso intentarlo dentro de tu propia casa, te puede traer grandes beneficios que es mejor si experimentas por ti mismo.

Por Emma Sánchez

Psicóloga y Guía de Shinrin-Yoku (Baños de Bosque).

POR QUÉ LA NATURALEZA SANA TU SISTEMA INMUNE

Los bosques son una majestuosa red de interconexiones. Veámoslo como un amplio, y altamente complejo hábitat en el cual miles de miles de seres vivos se comunican entre sí todo el tiempo. Clemens G. Arvay, en su libro El Efecto Biofilia, nos lo plantea así: las coronas de los árboles son las estaciones de radio que transmiten los mensajes de las plantas a través del aire. Las hojas de arbustos, árboles y plantas herbáceas transmiten este vocabulario vegetal, el cual es recibido por otras plantas y animales. En el suelo, las raíces liberan sustancias que también contienen mensajes y hacen sonidos de click que el oído humano no puede escuchar. Las plantas detectan estos sonidos como vibraciones subterráneas físicas. El bosque, tal como cualquier otro hábitat natural, es un lugar de animada discusión y es denso en su comunicación. Zumbando alrededor de todas partes, las moléculas contienen información que otros seres vivos decodifican. 

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Así que cuando respiras en el bosque inhalas un cocktail de sustancias bioactivas que las plantas liberan en el aire para precisamente comunicarse, defenderse unas a otras, saber de la presencia de plagas o posibles infecciones. Uno de este grupo de sustancias son los llamados Terpenos. Cuando caminamos en el bosque hacemos contacto con los Terpenos gaseosos de la comunicación interna de las plantas. Absorbemos estos a través de la piel, pero especialmente a través de los pulmones. Los Terpenos en el aire vienen de las hojas o troncos de los árboles, o las agujas de los pinos. También los arbustos, plantas herbáceas, hongos, musgos y helechos los emiten. Incluso la pequeña capa de follaje y el humus mohoso lleno de vida, emite este tipo de compuesto químico. Ahora bien, el punto esencial es que algunos de los Terpenos interactúan con nuestro sistema inmune en una forma altamente promotora de salud. Estos los podemos llamar “Terpenes anticáncer”, ¿por qué? porque estudios sorprendentes llevados a cabo por el Dr. Qing Li, utilizando las caminatas de inmersión sensorial japonesas llamadas “Shinrin-yoku” o “Baños de Bosque”, han probado que un solo día en la naturaleza incrementa el número de células anticancerígenas NK “Natural Killers”, un 40% en la sangre. Si pasas dos días en una área boscosa, pueden incrementar el número más de un 50%, y además, aparte de incrementar su número también se evidencia una mayor actividad de dichas células. Así que el aire del bosque es como un elixir sanador que inhalamos. 

Por esto, el biólogo Arvay nos propone: “ahora imagina entrar en este bosque -el centro de comunicaciones- con tu alerta, atento y constantemente comunicante sistema inmunitario. Tu sistema inmune no solo se comunica con otros órganos y sistemas en tu cuerpo, sino también con el mundo externo. Es un órgano sensorial que está hecho para recibir información que no se puede percibir conscientemente”. Algunas de las responsabilidades de tu sistema inmune son: reconocer, evaluar y reaccionar a los estímulos del mundo externo. Estos estímulos podrían ser viruses, bacteria, y todos los tipos de sustancias que te rodean. El sistema inmune es por tanto tu antena invisible corporal cuando entras al bosque, y lo que éste causa en él es similar a lo que causa en muchas plantas, las cuales reaccionan a los Terpenos incrementando sus defensas. Pues bien, ¡nuestro sistema inmune reacciona igual!, fortalece sus defensas. Somos un ser del bosque más. Los doctores de Medicina Forestal saben que los Terpenos anticancer tienen un impacto directo en el sistema inmune tanto como un  impacto indirecto vía el sistema endocrino, por ejemplo, disminuyendo las hormonas del estrés. Y por supuesto en el sistema nervioso, regulando la variabilidad de la frecuencia cardiaca y la presión arterial. 

“El ser humano no se detiene en la superficie de la piel”

Clements G. Arvay

Y si pensamos que el sistema inmune es la base de nuestra salud y uno de los sistemas más complejos del cuerpo humano, y tenemos pruebas de que el impacto de la naturaleza en nuestro sistema inmune es indispensable para su buena función, tenemos que entender que el cuerpo humano depende de su conexión con la naturaleza y ha estado trabajando con ella recíprocamente desde el comienzo de nuestra especie. No solo somos parte de la naturaleza, la naturaleza es parte de nosotros. Los límites son difusos, y como bien lo resalta Arvay, “ser humano no se detiene en la superficie de la piel”. 

Existe un campo relativamente nuevo y que está produciendo día tras día muchas investigaciones, que es el de la Psiconeuroinmunología. Este examina la influencia del sistema inmune en la psique humana. El sistema nervioso es el mediador entre lo físico y lo psicológico, de ahí que se encuentra en la mitad entre psico e inmunología. Pues bien, autores como Arvay, proponen que hablemos de una “ecopsiconeuroinmunología” intentando entender la salud como una todo integral. Porque en realidad el desarrollo de muchas enfermedades pueden ser mejor entendidas si nos preocupamos no solo de las influencias negativas a las que estamos expuestos, sino también de las positivas y vitales de la naturaleza que nos están escaseando en nuestro mundo actual urbano.

En últimas, cuerpo, mente y naturaleza son una unidad que emerge de la evolución y que es inseparable. Respetar esta conexión y entenderla mucho más a niveles científicos nos aporta un conocimiento invaluable e irrefutable que es el que debe en un futuro direccionar los planes de salud pública en el mundo entero.

Por Emma Sánchez

Msc. Psicología Clínica y Guía certificada de Shinrin-yoku 

EL DESPERTAR DE LOS SENTIDOS DEL SHINRIN-YOKU (o Baños de Bosque)

El Shinrin-yoku ( Baños de Bosque o Forest Bathing) es una práctica japonesa de caminata contemplativa en la naturaleza. En ella se realiza una inmersión sensorial que deriva en un estado relajante y de conexión con el entorno natural, con comprobados efectos benéficos en nuestra salud inmunológica, endocrina, cardiovascular, higiene del sueño y salud mental. 

Durante este tipo de inmersión sensorial se camina a paso lento, preferiblemente en silencio la mayor parte del tiempo, y se explora el entorno natural de una forma progresivamente relajante que genera que incluso se pierda la noción del tiempo, y un paseo de Baño de Bosque, que tiene una duración de dos horas y media, se perciba de un modo temporal totalmente distinto. Los participantes se dejan llevar hacia un estado contemplativo que no se permiten normalmente en su día a día, o que tampoco están acostumbrados a propiciar en la naturaleza cuando buscan caminatas de trekking o actividades deportivas al aire libre. Los Baños de Bosque en cambio, invitan a la lentitud, silencio y exploración pausada del entorno.

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¿Qué pasa en los sentidos durante una experiencia contemplativa en la naturaleza?

Para mi es común, desde niña, poder pasar más de diez minutos observando un tronco, una hoja, las formas de las rocas, etc. Tengo recuerdos muy tempranos de tomar la cámara fotográfica análoga de mi papá y tomar más de quince fotos a una pequeña lagartija, o una hoja especial, o una roca con formas que llamaran mi atención. Al rememorar estos momentos puedo sentir las emociones de curiosidad, asombro, placer al encontrar belleza y deseo de aventura. El contacto con la naturaleza es un contacto sensorial y por tanto es un contacto emocional. Esta actividad que invita a nuestro cuerpo a experienciar las posibilidades de sus sentidos, nos permite así cultivar un tipo de emociones necesarias para contrarrestar los efectos de estrés y ansiedad de nuestra vida diaria citadina. 

Al sentir la naturaleza, sentimos nuestro cuerpo y nos abrimos estados de relajación que permiten que los efectos de los compuestos químicos desprendidos por las plantas y árboles, impacten sanadoramente nuestro sistema inmune, cardiovascular, endocrino, y por supuesto, mental. 

El sentido de la vista nos da la entrada a la maravilla. Los ojos suelen abrirse ante la sorpresa, tal como lo señala Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional, lo cual es una respuesta evolutiva que nos permite que ingrese mayor cantidad de luz a nuestra retina y absorbamos más información visual del mundo externo. La fijeza de la mirada en la sorpresa de la naturaleza, el deambular la vista entre una planta y de pronto descubrir una abeja en la flor, todo es un encuentro sorprendente que estimula diferentes zonas cerebrales. En una de las investigaciones del profesor Roger Ulrich, titulada “La vista a través de una ventana puede influenciar la recuperación postoperatoria”, se recolectó información en pacientes que habían tenido cirugía abdominal. Él estaba intrigado en porqué unos pacientes se recuperaban más rápido que otros y recordó que cuando niño tuvo una hospitalización larga durante la cual tenía la vista de un gran árbol de pino frente a la ventana, lo que hizo mucho más llevadera su experiencia en el hospital. Se preguntó si tal vez tendría algo que ver la contemplación de escenarios naturales en la recuperación anímica y física de pacientes hospitalizados. Al realizar sus investigaciones, descubrió que los pacientes cuyas habitaciones tenían vista hacia árboles exteriores, se recuperaban mejor y más rápido, que aquellos cuya vista eran hacia una pared. En otro estudio. Ulrich les presenta fotos de naturaleza a pacientes en cuidados intensivos. Los pacientes que se recuperaron mejor con menos medicación para el dolor y menos niveles de ansiedad fueron aquellos a los que se les mostraron fotografías de naturaleza. 

“El silencio natural ha sido llamado como uno de los recursos en mayor peligro de extinción en el planeta”

Dr. Qing li

Si además abrimos nuestros oídos en el bosque, la audición, encontramos numerosas investigaciones que demuestran los efectos cerebrales de los sonidos de naturaleza, con un especial efecto calmante del sonido del agua. Vivimos Actualmente en entornos muy ruidosos, “el silencio natural ha sido como llamado uno de los recursos en mayor peligro de extinción en el planeta” (Dr. Qing Li). Hemos perdido la conexión con el silencio natural, el cual por supuesto no es absoluta ausencia de sonido, por el contrario, la naturaleza nos provee de una sinfonía increíble que influye en nuestro sistema nervioso, propiciando estados relajantes y estimulantes. 

El olfato viene a ser otro sentido que se despierta fabulosamente en un paseo de Shinrin-yoku, y que aunque lo hemos ido perdiendo en contraste con la gran relevancia que tuvo para nuestros antepasados y nuestra supervivencia como especie; al entrar en contacto con todos los olores de la naturaleza e intentar percibirlos, nos encontramos con una maravillosa sorpresa. Cuando dirijo paseos de Shinrin-yoku presto especial atención a ayudar a activar el sentido del olfato, como si activaras un músculo que no sabías que existía y te lleve a maravillarte de todo lo que te estabas perdiendo.

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Pero lo que más me encanta de los Baños de Bosque es tocar. Hasta que no tocas no terminas de relacionarte. Si observas el desarrollo de todo niño, éste se despliega en la exploración del mundo cuando se permite tocar cada elemento, agarrarlo, recorrer sus formas, es ahí que lo conoce realmente. Y desde que nacemos, nuestra piel, el órgano sensorial más extenso, nos nutre de una cantidad de información. ¡Qué más delicioso que una buena caricia! Así que cuando en un paseo en la naturaleza, como Guía, invito a tocar, invito a sentir ese ser con el que el participante hace contacto, y a experimentar el propio placer o displacer de tocar. Sentir humedad o calor, o rugosidad, o suavidad, sentir lo que haya que sentir y tocar con partes del cuerpo con las que hemos dejado de tocar. De esta forma, el cuerpo se dispone a un viaje interno. 

Pero además, este viaje interno incluye incluso algunos sentidos “extras” como la propiocepción (sentido que informa a tu organismo de la posición de las partes de tu cuerpo en relación con el entorno), e interocepción (sentido de las sensaciones de los órganos internos). 


El cuerpo se despierta en el Shinrin-yoku. Se despierta palmo a palmo, se despierta sin agresividad, se abre con sutileza hacia una respiración profunda y plena sin esfuerzo, se dispone al placer corporal, y por tanto al placer emocional y mental. Un buen guía de Shinrin-yoku es quien sabe cómo abrirte con sutileza y calma a la experiencia de salud más plena para que aproveches el bosque y la naturaleza en todo su vasto potencial.

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Si deseas conocer participar en Baños de Bosque en Colombia, te invito a seguirme en @lluviadebosque (Instagram y Facebook).

Por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica – Guía certificada de Baños de Bosque por el Forest Therapy Institute, FTI

Regulación emocional sin “meditación”, pero con naturaleza

Para los que la meditación es una práctica casi imposible, existen otros caminos naturales para lograr la calma. Los Baños de Bosque, o Shinrin Yoku son un ejemplo de esto.

La meditación o el mindfulness es una práctica con grandes beneficios para cultivar el autoconocimiento, la regulación emocional y el control de malestares emocionales y físicos diversos, en especial la depresión y ansiedad, que son tan comunes en nuestra sociedad actual. Sin embargo la práctica de la meditación es muy difícil de llevar a cabo para muchos. En mi consultorio me encuentro continuamente con personas que ya tienen una tendencia a la ansiedad muy desarrollada y que experimentan una sensación de fracaso al intentar meditar o respirar de forma integral, y no conseguirlo. También otros que comentan que no se sienten cómodos en su propio cuerpo al intentar conectar con la respiración y la quietud.

La buena noticia es que la meditación -en posición de loto y en una habitación con absoluto silencio- no es la única manera para conseguir un estado alto de bienestar, relajación y calma, igual al que consigues con unos minutos de meditar. La otra vía es la naturaleza.

Pero ¿qué tipo de contacto con la naturaleza es el que puede lograr los mismos efectos que la meditación? ¿qué es un buen contacto? Y en esto se encuentra parte de la clave de la importancia de prácticas como el yoga o la meditación. El “buen contacto” por llamarlo de alguna manera, o el “contacto pleno”, es un encuentro que permite la consciencia de la experiencia misma. Cuando tomas contacto con tus emociones es porque estás teniendo un momento para sentirlas, para experienciarlas, y luego sí interpretarlas. El contacto pleno necesita por esto de la experiencia sensorial y de la consciencia de dicha experiencia. Cuando hablamos de que estas prácticas (yoga, meditación) son importantes para el bienestar psicoemocional del ser humano, es porque son prácticas que le permiten a la persona una experiencia de toma de contacto consigo misma. Focalizan su atención en la respiración, en el cuerpo, en las sensaciones, y por esto invitan al silencio, a la introspección, a la quietud o al movimiento consciente.

Pues bien, el contacto con nosotros mismos es la vía salvadora para encontrar bienestar en todos los niveles (físico, emocional, psicológico, social), es la piedra angular de la Inteligencia Emocional, tal como lo explica Daniel Goleman, quien además señala que: “La autoconsciencia se refiere a la capacidad para monitorear nuestro mundo interno -nuestros pensamientos y sentimientos-. El mindfulness es un método para ampliar esta capacidad esencial -entrena nuestra atención para notar las señales sutiles pero importantes, y para ver cómo devienen nuestros pensamientos en vez de solo barrerlos lejos de la consciencia”. La cualidad del mindfulness es que invita a la autoobservación con dos caracteristicas esenciales: ecuanimidad y no juicio.

Esto me lleva a un punto que me parece muy importante. No cualquier contacto con la naturaleza es un contacto pleno, o transformador. La clave estaría en ese “entrenar nuestra atención para notar las señales sutiles pero importantes” que dice Goleman. ¿Por qué? Es lo mismo que cuando las personas encuentran benéfica la psicoterapia, esto sucede porque el terapeuta está ahí para mostrarles, o ayudarles a cuestionarse, las señales sutiles pero importantes de sus propias experiencias sensoriales, emocionales, cognitivas y relacionales. En las personas que se sienten enganchadas positivamente al proceso de terapia, se observa una creciente capacidad de introspección y autoconocimiento. Empiezan a tomar consciencia plena de sí mismos. Así que entrar en contacto pleno con la naturaleza implica esta toma de consciencia del mundo natural que me rodea, a la vez que de mis propias sensaciones en relación a ese mundo natural.

Y esto se logra muy bien por medio de una práctica -Shinrin Yoku o Baños de Bosque-, que viene siendo desarrollada desde Japón y se está esparciendo por el mundo, con amplias investigaciones sobre los efectos saludables del contacto natural para:

  • Mejorar el funcionamiento del sistema inmunológico.
  • Aumentar la relajación y reducir el estrés.
  • Restauración de la fatiga cognitiva.
  • Mejorar el estado de ánimo y reducir la depresión.
  • Mejorar la vitalidad y los niveles de energía.
  • Reducir la presión arterial.
  • Aumentar las células NK (asesinas naturales).
  • Disminuir los niveles de rumiación y ansiedad.
  • Ayudar a dormir.
  • Mejorar la salud cardiovascular.

La toma de contacto que promueve el Shinrin Yoku (o Baños de Bosque) invita entonces al silencio de la persona que ingresa en un escenario natural, para empezar a tomar consciencia de los sonidos, los olores, los sabores, texturas, luces, sombras, aire, seres que existen ahí. Pero no solo eso, la experiencia debe invitar (y esta es la fabulosa labor del guía de las caminatas de Baños de Bosque o de sesiones de Terapia de Bosque), a manejar tu cuerpo en ese espacio de una manera en que entre en mayor quietud, y hagas consciencia de tu placer corporal en contacto con elementos del bosque.

Si lo piensan bien, el ser humano lleva muy poco tiempo -dentro de todo el rango temporal de su proceso evolutivo-, viviendo alejado de la naturaleza. Y creo que no necesito extenderme en este artículo sobre los efectos tan nocivos para la humanidad de haber sufrido tal distanciamiento. Nuestra casa originaria es el mundo natural, los sonidos a los que nuestro oído humano más estuvo acostumbrado son los de la naturaleza. Por miles y miles de años el ser humano vivía en sincronía con los tiempos naturales, se levantaba y dormía al salir y caer el sol, se alimentaba de lo orgánico y natural. Y si bien sufría de retos que lo ponían en situaciones de estrés, su mundo aún no tenía esta organización ansiógena que presenta el mundo actual, en donde vivimos en un perpetuo estrés crónico rodeados de luz artificial, aire acondicionado, cemento, aparatos que interrumpen nuestro sueño, sonidos que contaminan, comida procesada, etc.

Al tomar contacto pleno con la naturaleza, e invitarte a quedarte en el placer que en ese contacto vas a encontrar, a recorrer el espacio del bosque en lentitud, tu respiración y tu sistema nervioso va a empezar a regularse de una manera en donde finalmente la autoconsciencia, esa “capacidad para monitorear nuestro mundo interno -pensamientos y sentimientos-” se incrementará de forma natural dentro un escenario que te proporcionará seguridad y calma. Dejarás de sentirte como encerrado en un ascensor intoxicado, para respirar bajo el cobijo de un árbol, y sentirte y pensarte con un sistema nervioso restaurado. ¿Qué vendrá después? seguro tomarás acción sobre lo que desees en tu vida con más claridad mental.

Así que si no eres de los fans de la meditación, pues no importa, disponte a entrar en contacto contigo entrando en contacto con el bosque, con el escenario natural cercano, conviértelo en un hábito, que poco a poco te descubrirás en una calma que te parecía lejana.

Por Emma Sánchez (Ms. Psicología Clínica — @esmindful | @lluviadebosque )